Compleja ecuación fiscal
Banif.-La respuesta del mercado a la eventual falta de acuerdo en el seno del “Super Comité” del Congreso estadounidense de cara implementar un plan de reducción de déficit dependerá del impacto de los ajustes automáticos (a partir de 2013) sobre el crecimiento a medio plazo y la eventual respuesta monetaria a estos acontecimientos. En cualquier caso, los planes que se discutirán hoy en el “Super Comité“ tienen que verse en el contexto adecuado, puesto que sólo representan una pequeña parte de un conjunto de reformas que el Congreso de EEUU tiene que aprobar para estabilizar el perfil fiscal de la economía estadounidense. En este sentido, en 2010 la Comisión Nacional de Reforma y Responsabilidad Fiscal apuntó a que eran necesarios unos recortes de 4 billones de dólares en el déficit primario. De este importe, hay que recordar que cuando se negoció aumentar el techo de la deuda en agosto 2011, el Congreso acordó reducir el gasto discrecional en 780.000 millones de dólares en la siguiente década. Adicionalmente, los ajustes automáticos antes comentados podrían representar 1 billón de dólares adicionales, por lo que, siempre según los planes planteados en 2010, quedarían por “encontrar” 2,2 billones de dólares para alcanzar los objetivos propuestos. Por tanto, los resultados del “Super Comité” no son tan importantes dentro la problemática fiscal estadounidense, donde a lo largo de los próximos años deben tomarse decisiones de mayor calado y con un impacto a largo plazo capital si se quiere estabilizar el perfil fiscal de EEUU.
De cara al impacto en el corto plazo, el resultado de las negociaciones del “Super Comité” no sería tan determinante para la calificación crediticia estadounidense (tanto Moody’s como S&P anunciaron que no esperan cambios adicionales en sus perspectivas en lo que queda de 2011) aunque existe un riesgo importante de rebaja de rating en 2012, en particular si se amplían las exenciones fiscales de la era Bush. En clave de crecimiento, uno de los riesgos más importantes sería el impacto que la finalización de los estímulos fiscales podría suponer para el crecimiento del PIB en 2012 (como ayer apuntábamos), vía reducción de los ingresos disponibles. Adicionalmente, en la medida en que se vea afectado el crecimiento a corto plazo, existe la posibilidad de que la Reserva Federal ponga en marcha nuevos estímulos monetarios con el fin de contrarrestar los efectos en materia de crecimiento que podrían derivarse de esta situación.
En este sentido, las actas del último Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal no cierran la puerta a una nueva ronda de estímulo cuantitativo en forma de QE3, aunque de momento dicha alternativa es respaldada por sólo algunos miembros. Lo que sí acordaron, como hemos venido adelantando en estas líneas de forma reciente, fue dar prioridad a un cambio de metodología en su política de comunicación (introducción de objetivos a largo plazo de inflación y/o empleo y estrategia de política monetaria). Este último punto debe ser visto más como una herramienta complementaria que como excluyente. A pesar de haber revisado a la baja el escenario de crecimiento, la Fed sigue mostrándose optimista respecto a un mayor dinamismo de la economía en la segunda mitad de 2011. En este punto, el menor crecimiento del PIB estadounidense en 3T11 que arrojó la segunda publicación (2,0% anualizado vs 2,5% del avance) no debe verse como un jarro de agua fría para ese escenario que dibuja la autoridad monetaria norteamericana, en la medida en que el mayor drenaje de la rúbrica de inventarios proyecta un impulso para la actividad en 4T11 en un contexto de consumo recuperando tracción y existencias en niveles bajos. De cara a 2012, y respecto a nuestras previsiones, la Fed dibuja también un escenario optimista (crecimiento promedio anual del 2,7% anual).
En el caso de que el crecimiento se desviara mucho de estas estimaciones por abajo y que las expectativas inflacionarias se relajaran de forma sustancial, la Fed podría volver a profundizar en los estímulos no convencionales, probablemente enfocando las nuevas compras de activos en títulos hipotecarios, contrarrestando el efecto negativo de las políticas derefinanciación sobre los inversores. Lo anterior proyecta una curva de tipos anclada aunque con un sesgo de ampliación de pendiente si finalmente se anuncian nuevos estímulos.
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